Un d?a, su veleta enloqueci?. El aire la gir? y la flecha se?al? el sur. El norte de a?os atr?s, se rompi?. El sur majaba sabores y aires c?lidos.
Y ella cambi? de rumbo, de aire y de lugar, de puntos de vista, de trabajo y de hogar, de manera de ser, de sentir y de pensar.
Cambi? sus recuerdos, y sus ideas, la forma de sus besos, y los susurros, las caricias y la sonrisa.
Cambi? sus prioridades, sus amistades y sus deseos, de familia y de compa??a. Cambi? de champ?, de acento y de parecer, de estados de ?nimo, de destino y de cama.
Cambi? el estruendo del despertador por el canto del gallo, su hora de m?s, por su hora de menos, su paseo matinal por el vespertino, las calles por la playa.
Un d?a, su veleta enloqueci?. Y ella cumpli? su promesa.
